
Te atrapa, te envuelve y juega contigo como quiere. Se mete dentro de ti, dejándote aturdida. Si no huyes, te arrastra, te debilita, te desploma y te sacude de manera iracunda y despiadada. Te golpea hasta lo más profundo de tu prodigada existencia.
Te susurra al oído perpetuamente, y en ocasiones, te ensordece. Te perturba, te desequilibra. Se adueña de tu voluntad, de ti, de tu vida.
Quieres huir, pero te persigue, te acorrala en cualquier lúgubre callejón. Sin salida.
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